Ministerio El Remanente Inc. - Iglesia Cristiana El Remanente

20 febrero 2016

La Mentira II ©

Con palabras me engañaste, con mentiras me traicionaste, si no me querías, ni me amas ¿por qué me enamoraste?, título del nuevo libro que estoy escribiendo, en el cual relato las “mentiras” que he escuchado durante estos 15 años de ministerio.

Según el diccionario Aristos la mentira es… expresión contraria a lo que se sabe, cree o piensa.

Según el mismo diccionario el mentir es… engañar, fingir o disfrazar una cosa, inducir a error, falsificar, contrahacer algo, desdecir una cosa de otra, faltar a lo prometido o convenido.

Así define la “mentira” y el “mentir” el diccionario de la lengua española que tengo a mano.

La mentira es un pecado que como no ignoramos, viene desde el principio y lo vemos comenzar en el jardín del Edén cuando Satanás habla con Eva, contradiciendo lo que Dios había dicho.

“… No moriréis”. Génesis 3:4 RV60

Desde entonces la mentira ha ido corriendo por el mundo, haciendo sus grandes estragos en la humanidad y llevando tanta desgracia y pena a los que mienten.

La mentira es tan normal que se cree que es una necesidad, pues se nos dice…

- Todos mienten.

Los niños lo hacen con una maestría que alarma.

Las enseñanzas de la palabra de Dios son claras y terminantes con respecto a este asunto.

Hoy recordaremos algunas verdades a este tema, puesto que todos estamos sumamente interesados en apropiarlas y practicarlas, como es nuestro lema.

- Toda la palabra de Dios, para todo el pueblo de Dios.

En Proverbios 6:16-19 RV60 hallamos que Dios aborrece la mentira.

“Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos”.

Y sabiéndolo…

¡Qué cuidadosos debemos ser siempre en nuestras afirmaciones, pues no debemos ignorar que Dios aborrece la mentira!

¡No debemos nosotros alimentarla, aún cuando al decir la verdad tengamos, a veces, que sufrir consecuencias sumamente molestas!

Por otra parte debemos tener presente que el diablo…

“… es mentiroso, y padre de mentira”. Juan 8:44 RV60

Y no debe ser difícil para el hijo de Dios (para el creyente) escoger entre lo que Dios dice y lo que Satanás enseña.

Lo que Dios nos dice es siempre para nuestro bien y debemos aceptarlo.

Mientras que lo que el diablo pone delante de nosotros, aún cuando lo haga brillar como si fuera oro puro o una joya preciosa, es siempre para nuestro mal, para nuestra destrucción espiritual, pues siempre anda alrededor de nosotros…

“… como león rugiente… buscando a quien devorar”. 1 Pedro 5:8 RV60

Tomemos de los muchos ejemplos que hay en las sagradas escrituras… dos del Antiguo Testamento, y por ellos veremos una vez más las consecuencias terribles ocurridas a aquellos que engañaron, aun cuando en el día de hoy no se vacilaría en llamarle una simple mentira dicha a veces, en momentos de apuros para librarnos de algo que tememos.

David anda huyendo de la ira de Saúl, quien quiere a toda costa destruirlo, olvidándose de los abundantes y generosos servicios que le había prestado.

“Vino David a Nob, al sacerdote Ahimelec; y se sorprendió Ahimelec de su encuentro, y le dijo: ¿Cómo vienes tú solo, y nadie contigo? Y respondió David al sacerdote Ahimelec: El rey me encomendó un asunto, y me dijo: Nadie sepa cosa alguna del asunto a que te envío, y lo que te he encomendado… ”. 1 Samuel 21:1, 2 RV60

¡Mentira!

Pero el caso no termina allí sino que trae consecuencias sumamente tristes por culpa de él y debe morir, por disposición de Saúl, no solamente el sacerdote Ahimelec y toda su casa, sino también ochenta y cinco varones que vestían efod de lino y luego se destruyó toda la ciudad de Nob (1 Samuel 22:6-19 RV60).

¡Qué terrible tragedia!

¿Por qué?

Por la mentira dicha por David, cuando lo que noblemente debió decir era la verdad…

- Huyo de la ira de Saúl, quien quiere matarme.

Cuánto habrá lamentado David su ligereza con que procedió en esta circunstancia y debe haber sido una carga enorme que ha llevado sobre su conciencia en toda su vida posterior.

Semejantemente podemos hacer nosotros, en el sentido espiritual, si nuestras conversaciones no se ajustan a la verdad de Dios.

Cuidado, pues, con lo que “enseñamos”, con lo que “obramos” para que no incurramos en desatinos y traigamos “deshonra” sobre el nombre de nuestro Señor que siempre es y debe ser sagrado para nosotros.

Otro caso es el de Jacob (Génesis 27 RV60).

En el apresuramiento indebido para obtener la primogenitura y mal aconsejado por su madre, engañaron a su padre Isaac.

En la forma que sabemos, obteniendo con engaño, la bendición que el padre quería dar a Esaú.

Debido a ello tuvo que huir de la casa paterna.

Su madre nunca más tuvo la satisfacción de ver a su querido hijo, a quien tanto amaba y Jacob tuvo que cosechar las consecuencias de su mal paso, pues en la casa de Labán su tío, tuvo que sufrir mucho.

Primero fue engañado en cuanto a su mujer, a quien había adquirido por el trabajo de siete años consecutivos.

Y al cumplirse el plazo le fue dada la hermana, o sea Lea y tuvo que trabajar después para obtener a Raquel.

Pero no han parado allí sus desventuras.

Con Labán, no obstante sus artimañas, sufrió muchos engaños, teniendo que decirle con amargura de alma.


“Estos veinte años he estado contigo; tus ovejas y tus cabras nunca abortaron, ni yo comí carnero de tus ovejas. Nunca te traje lo arrebatado por las fieras: yo pagaba el daño; lo hurtado así de día como de noche, a mí me lo cobrabas. De día me consumía el calor, y de noche la helada, y el sueño huía de mis ojos. Así he estado veinte años en tu casa; catorce años te serví por tus dos hijas, y seis años por tu ganado, y has cambiado mi salario diez veces. Si el Dios de mi padre, Dios de Abraham y temor de Isaac, no estuviera conmigo, de cierto me enviarías ahora con las manos vacías; pero Dios vio mi aflicción y el trabajo de mis manos, y te reprendió anoche”. Génesis 31:38-42 RV60

Pero el engaño más grande y terrible para él parecería que hubiera sido cuando José fue vendido por sus hermanos.

Jacob comenzó engañando y llegó al colmo al ser engañado por sus propios hijos.

No nos equivoquemos que no en vano nos dice Dios.

“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Gálatas 6:7 RV60

La religión popular nos enseña en vano, que usando de la casuística (reservas mentales) podemos hacer lo que nos da gusto y gana, siempre que hagamos nuestra reserva mental, es decir, afirmar una cosa y en nuestra mente o en nuestro interior sentir una cosa distinta.

Nuestro sí, sea sí, dijo el Señor, y como él es la verdad nosotros sus discípulos debemos decirla, sostenerla, enseñarla, practicarla aún cuando nos costara la misma vida.

Así lo han hecho sellando su testimonio con sus vidas, varios heroicos cristianos durante la maldita era de la llamada… “santa inquisición”.

No debemos mentir porque la mentira traba la oración (Isaías 59:2, 3
RV60).

Este medio tan bendito que el cristiano debería usar en todos los casos de su vida.

El hablar con Dios respetuosa y libremente para alabarle, solicitarle lo que necesitamos.

Rogarle nos conceda de sus bendiciones y ayude y prospere nuestro camino en la vida.

Queda trabada, impedida de respuesta cuando usamos de la mentira o cuando usamos de ese bendito medio (la oración) para nuestros propios deleites, vanagloria, o cualquier otro medio subalterno, Dios no ha de contestar.

Pero sí en cambio, con la verdad levantamos manos limpias sin ira ni contienda, entonces sí viene la bendición, la respuesta de parte de Dios.

“... mejor es el pobre que el mentiroso”. Proverbios 19:22 RV60

Dentro de todo el primero se consuela con la aprobación…

“Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan”. Salmo 37:25 RV60

Porque dentro de su pobreza Dios mantiene su vida y da alimento a su tiempo a los que en él saben esperar.

El rico y Lázaro es un ejemplo de esto.

¿Cuál es el camino que nos corresponde seguir?

Teniendo en cuenta que siempre al decir la verdad Dios nos ampara, nos apoya y nos ayuda, Colosenses 3:9 RV60, debe ser un aliciente… no mintáis.

Y puede ayudarnos también Filipenses 4:8 RV60

“... todo lo que es verdadero... en esto pensad”.

Y si concentramos en ello nuestros pensamientos y nuestros más caros deseos, ajustaremos nuestras vidas a lo que Dios nos enseña.

Que aprendamos de él las lecciones que sean de mayor provecho y que podamos decir del fondo de nuestras almas.

No, no puedo mentir, porque el diablo es el padre de la mentira y yo como hijo de Dios, llevo en mi alma, sus dichos para no pecar contra Dios.

Amén. 

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