Ministerio El Remanente Inc. - Iglesia Cristiana El Remanente

07 febrero 2016

Decisión ©

En el mundo nos encontramos con infinidad de decisiones muy personales que tomar, mismas que, a la larga o a la corta, van a influir en nuestras vidas y por ende en la de los demás.

No podemos estar sin decidir.

Hasta el no decidir, como lo hiciera Pilatos al lavarse las manos, es una decisión en sí.

Alguna vez leí sobre un concurso, en el cuál se llamaba a decidir algo similar a lo siguiente…

- Eres el capitán de una barca a punto de hundirse por sobrepeso, llevando a bordo a una mujer embarazada, al único conocedor de la cura contra el SIDA y al que va a evitar la guerra nuclear.

¿A cuál decidirías arrojar para salvar a los demás?

Las respuestas pueden ser diversas, tantas como el punto de vista con que se observe el problema.

Sorpresivamente el ganador fue un niño que contestó.

- Al más gordo.

Esa podría ser la opción más práctica, pero tal vez no la mejor decisión.

¿Qué hubieras hecho de habérsete presentado tal situación?

No sé qué hubiera decidido yo, más de lo que sí estoy seguro es de que Jesucristo no lo hubiera pensado dos veces, hubiera saltado él mismo, sacrificándose para salvar a todos los demás.

De hecho lo hizo, aunque no precisamente de esa forma.

Dios nos está llamando a decidirnos por él, no a subirnos a una barca etiquetada con una religión u otra, sino a aceptarlo a él cómo capitán, como única esperanza y sostén.

Nos pide soltar nuestras tablas de salvación, inútiles forjadas por nuestras fuerzas, mismas que a la primera ola se hunde con nosotros.

Nos insta a dejar atrás todo aquello que no le dé la gloria y la honra a él.

Nos invita al arrepentimiento de nuestro andar.

Jesucristo mismo nos está llamando a servirle, a ser suyos de corazón y no sólo de palabra, dándole lugar como nuestro Señor y no sólo como nuestro salvador, como el único camino, la verdad y la vida.

Nos llama a remar contra la corriente, a navegar unidos en el mar de tempestades y a saltar, de ser necesario, por un compañero.

Él es la verdadera salvación, no mantenernos en esos navíos a los que muchos se suben por tradición o costumbre, por pena a ser vistos en una humilde barca de pescador.

Es el mismo dueño de esa barca de pescador quien nos pide seguirle, compartirle nuestra vida.

De no decidirnos por él, no sólo nos perderemos de sus infinitas bendiciones, sino de la vida eterna a su lado.

De decidirnos por un verdadero compromiso con él.

Nos habremos tomado de su mano para subir a su barca, permitiendo que su sacrificio no haya sido en vano.

Hoy es el momento de decidir, no después, pues no sabemos cuándo se hundirán las tablas.

Yo ya me decidí...

¿Y tú?


Amén. 

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