Ministerio El Remanente Inc. - Iglesia Cristiana El Remanente

28 enero 2016

Rompiendo ataduras ©

Hoy día existen un sin número de creyentes en Cristo que sufren la carga de pecados y quienes pese a haberle aceptado como Señor y Salvador, día a día están luchando en contra de algún pecado específico, lo que significa que no han sido liberados por Jesucristo.

Esto quiere decir que en su corazón no han entendido o no han creído realmente que Dios los haya liberado del pecado.

En los tiempos de Moisés, Dios instruyó al pueblo en el sentido de ofrendar animales para expiar sus pecados, la ceremonia consistía en un ritual donde el sumo sacerdote imponía sus manos sobre el animal conocido como ofrenda y así mediante este acto todos los pecados pasaban a la ofrenda, posteriormente era degollado, la ofrenda tenía que sangrar, era un simbolismo en el cual ese animal estaba sufriendo el juicio y castigo en lugar del pecador.

La sangre tenía que ser derramada pues sin derramamiento de sangre, no hay remisión de pecados (Hebreos 9:22 RV60) y la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23 RV60).

Este ritual, era practicado una vez al año, así los israelitas expiaban el pecado de todo un año.

De la misma manera Dios proveyó a toda la humanidad de un cordero para el sacrificio, este fue su hijo unigénito Jesucristo, quien de la misma manera que en el antiguo testamento, recibió sobre de sí el pecado de toda la humanidad.

Isaías 53 dice…

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros… derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores”. Isaías 53:4-6, 12 RV60

Juan 1:29 RV60 dice…

“El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.

Jesucristo fue el cordero de Dios, esa ofrenda por el pecado.

Dios cargo en él el pecado de toda la humanidad, ahí se incluyeron tus pecados y los pecados de los hijos de tus hijos.

Cuando la persona recibe a Jesucristo en su corazón, debe creer que Jesucristo fue la ofrenda por su pecado y que cargó sobre de sí con todos, absolutamente todos los pecados.

Así pago Cristo en nuestro lugar derramando su sangre en la cruz, pues sin derramamiento de sangre no hay remisión.

Si crees en esto, entonces debes aceptar que no tienes más pecado.

Las ataduras debieron ser rotas.

Lee esto con atención y escucha la voz de Cristo que te habla directamente a ti.

“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: (si tus has creído, entonces esto es para ti) Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Juan 8:31, 32 RV60  

La clave es muy simple.

Primero es creer y en segundo lugar es permanecer en Cristo.

La consecuencia es la libertad del pecado, libertad de toda atadura, libertad de toda raíz de amargura.

Quizás ya creíste, pero no permaneces en Cristo.

Para permanecer en Cristo debes sostener una comunión continua con él a través de la oración, de la meditación de su palabra, de la alabanza congregacional y personal, mediante la predicación del evangelio.

¿Quieres ser libre de toda atadura de pecado?

Depende de ti, aceptar la libertad que Cristo ya te dio y que hoy solo debes aceptarla y creer.

“… Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Juan 8:31, 32 RV60


Amén.

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